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Leyenda: Balcón de la Mancha

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MOTA DEL CUERVO - EL BALCÓN DE LA MANCHA

En Mota del Cuervo, la historia y la leyenda se completan y embellecen recíprocamente. La historia comienza aquí en plena Edad Media, en torno al santuario de Santa María de la Antigua de Manjavacas. La leyenda aparece también mucho antes de que los Reyes Católicos consiguieran la unidad de España. El pueblo está situado al comienzo de la provincia de Cuenca, si se llega desde Quintanar de la Orden y colinda con los términos de El Toboso, Los Hinojosos, Santa María de los Llanos, Las Mesas, Socuéllamos y Pedro Muñoz. Por su privilegiada situación geográfica enclavada junto a un otero coronado por siete molinos de viento -ha recibido el sobrenombre de "Balcón de la Mancha", pues desde la mencionada prominencia se divisan numerosos pueblos de la región. Hay quienes aseguran que en los días claros llega a verse hasta Despeñaperros. Unos de estos molinos está dedicado a Goethe y otro al dramaturgo austriaco Francisco Grillparzer.
 
A Mota del Cuervo -después se verá la leyenda que dio origen al nombre del pueblo- hay que venir sin prisas y con ojos bien abiertos. Mejor si lo hacemos el primer domingo de Agosto, día en que se celebra la romería de Manjavacas, espectáculo único en España y de especial significación social y religiosa. Al amanecer se dan cita los romeros en el santuario de la Virgen de la Antigua, situado a ocho kilómetros del pueblo. No importa el madrugón. Allí están los moteños, chicos y mayores, desde mucho antes del alba. Cuando termina la función religiosa, hay chocolate y tortas para todos. Luego, la Virgen es bajada del altar mayor en una ceremonia de increíble fervor, realizada con un amor, con un entusiasmo que conmueve. Con los primeros rayos del sol, la comitiva se pone en marcha, con la Virgen a hombros, corriendo a todo correr desde la ermita al pueblo. Hasta el "pocillo", donde se prepara la entrada triunfal a la parroquia, cuyas campanas repican jubilosamente. El espectáculo es impresionante. Al contraluz de la mañana, por entre viñedos y barbecheras, el tropel que lleva y acompaña a la Virgen levanta una increíble polvareda de amor mariano, especie de incienso rústico que se levanta hasta el cielo. Algunos automovilistas que pasan por la carretera que va a Pedro Muñoz, y ahora también gracias al desvío de reciente inauguración, los de la carretera Madrid-Cartagena, ignoran la celebración de esta romería insólita, y se quedan boquiabiertos, asombrados. Yo imagino a Don Quijote encontrándose con la sin igual procesión. ¿Qué tremendos disparates no hubiera pensado el de la Triste Figura? ¿Qué hubiese dicho a su fiel escudero?
 
Porque, también hay que decirlo, Mota del Cuervo es un pueblo tremendamente quijotesco, enclavado en lo más circunstancial de la geografía en que discurrieron las aventuras y desventuras del inmortal personaje cervantino. En la placeta del Verdinal todavía se conserva una casa con torrecilla, otrora convento de trinitarios, uno de cuyos superiores fue Fray Alonso Cano, hijo del pueblo, Obispo de Segorbe y arqueólogo del siglo XVIII. Don Luis Astrana Marín aseguraba que allí se hospedó en una visita que hizo a la Mota el genial Cervantes. Astrana, el más completo de cuantos investigadores cervantinos han existido, fue un gran apologista de Mota del Cuervo. También el novelista Rafael López de Haro aseguraba que aquí acaecieron notables episodios quijotescos, entre ellos el de la acometida a los molinos, cuestión ésta tan apasionadamente debatida desde siempre. Otra visita que debe hacerse en Mota del Cuervo es a su iglesia parroquial, quizá construida en el siglo XV, pues aunque no representa exteriormente ningún estilo arquitectónico determinado, sus techos pertenecen al gótico decadente, y renacentistas son sus portadas. Aquí se conserva un cáliz de plata de estilo gótico de transición, y el archivo parroquial data de una época anterior a los Reyes Católicos. También debe visitarse la Casa de la Inquisición, construida en 1438, así como la ermita de San Sebastián con un artesonado mudéjar bastante bien conservado. El yantar, naturalmente, debe hacerse en el Mesón de Don Quijote, aunque aún hay una posada que no le va a la zaga, única de las seis que había a principios del siglo actual.
 
La historia y la leyenda, como queda dicho más arriba, se confunden y completan en Mota del Cuervo. Precisamente en su escudo municipal hay un castillo y un cuervo. ¿Qué explicación tienen estos símbolos? Se asegura que son reliquias de una célebre leyenda quizá con una buena dosis de verdad en el fondo. Es la leyenda de los amores trágicos del moro Alí y de una joven cristiana que conoció en la ribera del río Záncara. Se cuenta que el moro quiso hacer suya a la bella cristiana, pero ésta no podía consentir aquel amor, pues se lo impedía su religión. Más todavía se agravaron las cosas: enterado el padre de Alí de aquellos amores, con el fin de impedirlos a toda costa, mandó al joven con una misiva a Sevilla, para el rey moro de aquella ciudad, mientras que encerraba a cal y canto a la bella cristiana, dejándole tan solo un ventanuco para que le entrara la luz y un poco de pan y agua para su sustento, pensando el perverso mahometano que así la joven moriría bien pronto. Pero refiere la leyenda que no sucedió así, pues un cuervo se encargaba de llevarle alimentos frescos todos los días.
 
Pasado cierto tiempo, los hermanos de la cristiana, que la buscaban afanosamente, tuvieron un duro enfrentamiento con Alí, un heredero del señorío de su padre. Parece ser que fue entonces cuando Alí presintió la mala acción de su progenitor. Entonces se estremeció y pensó en hallar a su amada. ¿Sería posible encontrarla con vida? Sólo por obra de un milagro. Pero si éste se diera -pensaba el moro- no tendría inconveniente en convertirse al cristianismo. La joven, en efecto, aún estaba viva. Alí, cuando descubrió el prodigio, corrió hacia ella para echarse en sus brazos. Pero el destino se interpuso y la cristiana fue herida mortalmente por una flecha perdida en los fragores del combate. También fue herido de muerte Alí, el cual falleció junto a su amada.
 
Hermosas leyendas e historias éstas de los pueblos de Castilla. La de Mota del Cuervo encierra un hondo sentido poético, conservado en el escudo oficial del Municipio. Tierra de amor y bellas tradiciones. Desde los lejanos tiempos de Manjavacas, la población desaparecida hace varios siglos y que dio origen a la insólita romería de la Virgen de la Antigua. Pasear por las calles y plazuelas de la Mota supone una toma de conciencia de su dilatada historia, con sus leyendas, con sus afanes de hoy; con el tiempo ido y el presente; con la realidad total de uno de los más bellos lugares de la Mancha.
 

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