Ramón Serrano Suñer fue un destacado político, diputado, ministro y abogado, además de cuñadísimo del Caudillo, que tuvo un notorio papel durante los años previos y en los primeros tiempos del nuevo régimen político del general Francisco Franco, tanto en la política interior como en la exterior de España. Su apelativo con el que se le conoció y que ha pasado a su relato biográfico, se debe a su matrimonio con Zita Polo y Martínez Valdés, hermana de Carmen Polo, esposa del generalísimo.
Serrano Suñer conoció la localidad situada en la Mancha de Cuenca, Mota del Cuervo, en varias ocasiones; la primera, cuando los restos mortales de José Antonio Primo de Rivera, fusilado en Alicante, recorrió media España portado por falangistas en relevos hasta El Escorial para ser sepultado, haciendo varias paradas por tierras conquenses como en Mota del Cuervo. También realizó varios discursos importantes en esta localidad manchega donde José Antonio, en 1935, predicó su nacional sindicalismo a los recios y laboriosos moteños.
Molino 'El Zurdo'. Serrano Suñer fue en muchas ocasiones sensible hacia la puesta en valor de los paisajes y el patrimonio español únicos, y en muchas ocasiones maltratados por la acción humana, que en pocos años y en gran medida debido a la promoción turística y la especulación económica, cercenaron parajes y edificios de gran valor.
Suñer llegó a decir que estaba «contra los criterios groseramente cuantitativos de la política de turismo. Por ello, en su viaje por tierras conquenses para acompañar la comitiva 'joseantoniana' en 1939 se percató del estado deplorable en el que se encontraban los molinos situados en una loma denominada La Serrezuela o La Sierra, en especial el llamado 'El Zurdo', que se encontraba sin aspas, denominado así por ser el único molino del mundo «que muele a izquierdas». El molino moteño era y es el más antiguo de la localidad, además de ser muy valorado por su poderosa rueda 'Catalina' y sus aspas que giraban al contrario de las agujas del reloj, que dejaron de hacerlo hacia el año 1929, cuando Benedicto Zarco 'El Barbas' realizó la última molienda y sus velas dejaron de insuflar la fuerza del viento a la máquina eólica que molía el trigo.
El ministro Suñer el mismo día, en una cena celebrada en Quintanar de la Orden, conoció al propietario del molino moteño, el hijo de Espiridión Zarco, que debido a las muy malas cosechas admitía que había desatendido el mantenimiento del Zurdo… En principio, Zarco quiso regalar el molino al ministro, pero Suñer finalmente lo compró junto a 3.000 cepas en el mismo término. El 27 de febrero de 1941 se realizó el otorgamiento de la escritura de compraventa ante el notario Pedro Manuel Casado y Guio, el dinero se le entregó al párroco de Mota y fue destinado a obras de beneficencia.
Serrano Suñer recordó este día en una carta enviada a la Asociación Moteña de los Amigos de los Molinos en 1993: «Lo adquirí una noche viniendo en automóvil desde Alicante a Madrid, y al contemplar en un altozano un antiguo molino de viento ya casi desmantelado, pensé con dolor cómo en España se han ido destruyendo tantas cosas, no sólo por las guerras, sino por incurias, y acordé la compra con el propietario y se formalizó el 27 de febrero de 1941. Enseguida lo restauré con sus grandes aspas... y mantengo el propósito de proceder a la reparación que haga falta, porque quiero conservarlo en vida, y por disposiciones post mortem más allá de mi vida».
El molino se restauró y el 2 de mayo del año 1941 y se celebró un multitudinario acto, donde además se conmemoró el famoso discurso de José Antonio. El ministro publicó un artículo en ABC donde dijo que inauguró el molino el 2 de mayo, hablando a los campesinos que se acercaron al gigante con aspas, y puso sobre su puerta esta leyenda: «¡Aún quedan molinos en España!».
El escritor también falangista, Dionisio Ridruejo y por entonces amigo de Serrano Suñer, le dedicó el soneto A un molino de viento a 'El Zurdo' recién restaurado:
El pan del llano colma su alegría / en su atalaya armada para el vuelo,
cruz veleidosa, girasol de hielo, / Isla de la postrada lejanía.
Alma de cal y canto que atavía / y hace fecunda la pasión del cielo,
plantada agilidad, blanco desvelo, / flor y castillo de la luz del día.
Si reposan tus brazos bendicientes, / cuánta sencilla paz cabe en tus trojes
para la tierra lenta y derramada. / Cuánto fragor, si vuelas diligente,
para el cálido trigo cuando acoges / hecho entrañas el sol de tu morada.
